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ene 24 2018

EL DEPARTAMENTO DE LENGUA CASTELLANA Y LITERATURA SIENTE LA MUERTE DEL POETA NICANOR PARRA

Cuando el poeta cubano Nicanor Parra cumplió 100 años, los muros de muchas ciudades se llenaron de graffitis con sus poemas (“No te mueras nunca, Nicanor!”), sus antipoemas, sus artefactos… No es extraño, es el poeta que bajó a los poetas del Olimpo, el que revolucionó la poesía en castellano del siglo XX anunciando que venía con su montaña rusa, nos invitó a pasar, advirtiéndonos, que no se hacía cargo si bajábamos echando sangre por la boca.
Una vez que subimos, es imposible bajar, aunque se trate de una montaña rusa imaginaria y echemos sangre imaginaria por nuestras bocas imaginarias.
En uno de sus poemas, dice Nicanor “solo una cosa es clara/ la carne está llena de gusanos”. Ahora, otra cosa también es clara, la poesía está llena de antipoesía y, como decía uno de esos graffitis, Nicanor no morirá nunca.
Artefacto_8_Nicanor_ParraArtefacto_12_Nicanor_ParraArtefacto_16_Nicanor_ParraNicanor Parra ante el marNicanor parra
He aquí algunos de sus poemas:

El hombre imaginario

 

El hombre imaginario
vive en una mansión imaginaria
rodeada de árboles imaginarios
a la orilla de un río imaginario

De los muros que son imaginarios
penden antiguos cuadros imaginarios
irreparables grietas imaginarias
que representan hechos imaginarios
ocurridos en mundos imaginarios
en lugares y tiempos imaginarios

Todas las tardes tardes imaginarias
sube las escaleras imaginarias
y se asoma al balcón imaginario
a mirar el paisaje imaginario
que consiste en un valle imaginario
circundado de cerros imaginarios

Sombras imaginarias
vienen por el camino imaginario
entonando canciones imaginarias
a la muerte del sol imaginario

Y en las noches de luna imaginaria
sueña con la mujer imaginaria
que le brindó su amor imaginario
vuelve a sentir ese mismo dolor
ese mismo placer imaginario
y vuelve a palpitar
el corazón del hombre imaginario.

 

La poesía terminó connigo

 

Yo no digo que ponga fin a nada
No me hago ilusiones al respecto
Yo quería seguir poetizando
Pero se terminó la inspiración.
La poesía se ha portado bien
Yo me he portado horriblemente mal.

Qué gano con decir
Yo me he portado bien
La poesía se ha portado mal
Cuando saben que yo soy el culpable.
¡Está bien que me pase por imbécil!

La poesía se ha portado bien
Yo me he portado horriblemente mal
La poesía terminó conmigo.

 

 

 

XII

(De Ejercicios respiratorios)

Que mi salud es débil,

Que no resisto los rigores del trabajo intelectual,

Que mi pensamiento es inestable y que a menudo me

equivoco en mis apreciaciones sobre la verdad de las

ciencias y las magias del arte,

Que soy descuidado para con mi persona,

Que no me baño con regularidad

Y que mis cabellos y mis uñas crecen sin control,

Que he derrochado mi hacienda en beneficio de los pobres

de espíritu,

Que he favorecido más de lo justo y necesario a los

enfermos,

Que he permanecido largas horas en los cementerios

Disfrutando paganamente de la soledad y del silencio

consagrado a los muertos,

Que en momentos de desesperación y orgullo he escupido

el rostro de los ídolos,

Que he vuelto ebrio al templo y caído dormido en los

bancos de las plazas y en los tranvías,

Y que gasté mi juventud en viajes inútiles y estudios

innecesarios.

 

Autorretrato

Considerad, muchachos,

Esta lengua roída por el cáncer:

Soy profesor en un liceo obscuro,

He perdido la voz haciendo clases.

(Después de todo o nada

Hago cuarenta horas semanales.)

¿Qué os parece mi cara abofeteada?

¡Verdad que inspira lástima mirarme!

Y qué decís de esta nariz podrida

Por la cal de la tiza degradante.

En materia de ojos, a tres metros

No reconozco ni a mi propia madre.

¿Qué me sucede? -Nada.

Me los he arruinado haciendo clases:

La mala luz, el sol,

La venenosa luna miserable.

Y todo para qué,

Para ganar un pan imperdonable

Duro como la cara del burgués

Y con sabor y con olor a sangre.

¡Para qué hemos nacido como hombres

Si nos dan una muerte de animales!

Por el exceso de trabajo, a veces

Veo formas extrañas en el aire,

Oigo carreras locas,

Risas, conversaciones criminales.

Observad estas manos

Y estas mejillas blancas de cadáver,

Estos escasos pelos que me quedan,

¡Estas negras arrugas infernales!

Sin embargo yo fui tal como ustedes,

Joven, lleno de bellos ideales,

Soñé fundiendo el cobre

Y limando las caras del diamante:

Aquí me tienen hoy

Detrás de este mesón inconfortable

Embrutecido por el sonsonete

De las quinientas horas semanales.

 

Hasta siempre Nicanor. ¡Seguro que las musas del Olimpo te acarician ya cada rincón de tu cuerpo y de tu alma!